En la primera entrega de este trabajo abordamos con brevedad
cómo la oligarquía parasitaria en Venezuela protagonizó la entrega casi
absoluta de la nación al capital extranjero norteamericano. Sin embargo,
en el año 1958 se inició un nuevo ciclo mucho más agresivo de
neocolonzación económica (y financiera) que enfrentó a muerte a los
"Amos del Valle" y al parasitismo delincuente en ascenso. La crisis
económica (bancaria según los economistas de derecha) del año 1994 fue
resultado directo de la usura, el tráfico de influencias, la avaricia y
la especulación financiera desmedida por parte de los grupos
parasitarios dedicados a la estafa y al saqueo a gran escala.
Acumulación delictiva de capital
El rasgo delictivo del modelo de acumulación rentística en Venezuela
recae en la mafiosa utilización del Estado con fines de enriquecimiento
personal. Las oligarquías tradicionales (los Mendoza, los Zuloaga, los
Vollmer, los Boulton, los Delfino, los Branger y los Domínguez) se
sirvieron de la renta petrolera para apalancar la industrialización
trasnacional del país, enarbolando como estandarte la dependencia y el
lucro desbordado que le otorgaba el hecho de ser gestores y dirigentes
de la inversión norteamericana (directa e indirecta) en los sectores
primarios de la economía desvenezolanizada. Parásitos de cuna.
El apoyo económico que las oligarquías tradicionales le brindaron a
Rómulo Betancourt fue el punto de partida para que la inversión
extranjera (en su mayoría norteamericana) perpetrara el saqueo
definitivo alucinado desde principios del siglo XX. El Pacto de New York
propició reuniones de políticos y parásitos de cuna con el magnate
Rockefeller, fue la oportunidad de oro para que Eugenio Mendoza
consiguiera instalar, con apoyo financiero y tecnológico made in USA, su oligopólica industria agroalimentaria, cementera y financiera en Venezuela.
Las empresas: Alimentos Remavenca, Venepal, Cementera Vencemos,
Proagro, Protinal, Hierros Guayana, Banco La Guaira, Banco Venezolano de
Crédito, Cavani Sociedad Financiera, Concretera Lock Joint, Venezolana
de Acciones Industriales y Productos EFE, nacen a la luz de estos pactos con el capital extranjero gringo.
Y aunque Eugenio Mendoza fue el que mayores beneficios obtuvo, los
demás parásitos de cuna también consiguieron su respectiva tajada. Los
Boulton fueron los promotores de Viasa, Avensa, Mavesa, Seguros La
Seguridad y Consolidada de Cementos. Los Vollmer
del Central Azucarero El Palmar y Yaritagua, además de jugosas acciones
en el Chase Manhattan Bank, hoy Banco Mercantil. Los Domínguez
beneficiados con maquinarias para la elaboración de empaques e insumos
de plástico. Los Branger promotores de Aceites Branca y la libre
importación de equipamiento agrícola marca Monsanto. Los Zuloaga
principales acciones del sector minero y metalmecánico gringo, y dueños
de la Electricidad de Caracas. Los Delfino fabricantes de papel, chicle y
envases.
Estos "emprendimientos" industriales y financieros tienen como
contexto la acumulación delictiva de capital. Pues fue con dinero del
Estado que se financió este nuevo ciclo de colonización económica. Ese
mismo Estado también sería el responsable de subsidiar las ganancias al
país acreedor, a saber, Estados Unidos. ¿El resultado? Cero generación
de riquezas para el país y enriquecimiento parasitario a partir del
tráfico de influencias. El dinero de la nación defraudado para favorecer
sus delictivos negocios en todos los sectores de la economía.
Años más tarde
Este nueva oleada neocolonial inauguró definitivamente la era de las
"inversiones extranjeras directas" en Venezuela. Consolidación del
saqueo trasnacional como política de Estado.
El sector primario de la economía (hidrocarburos y minerales), el
secundario (encadenamiento industrial e importaciones) y el terciario
(sistema financiero) fue monopolizado por el capital extranjero en su
totalidad. Cada dólar que entraba desde el capital extranjero en cada
uno de estos sectores sería exportado con jugosos márgenes de ganancias
gracias a la intermediación fraudulenta del parasitaje local.
Dice Federico Brito Figueroa que durante el año 1979 y el año 1983
las inversiones directas ascendieron a 720 millones de dólares. Los
usureros rendimientos para la exportación de ese capital invertido
supusieron un margen de ganancia superior al 500%, es decir, más de 4
mil millones de dólares salieron de las arcas de la nación para pagar
los rendimientos de la especulación financiera del capital transnacional
en los tres sectores económicos descritos con anterioridad.
En esta exportación especulativa también entran la repatriación de
las ganancias de las principales transnacionales asentadas en el país:
Procter, General Mills, Nestlé, Kimberly-Clark, Bayer, Pfizer,
Colgate-Palmolive, Johnson & Johnson, entre otras.
El daño económico durante esa década y la siguiente escandalizan por
su gravedad. El capital extranjero presta dinero (con altísimas tasas de
intereses) al parasitismo local para que pueda ampliar la producción e
innovar en términos tecnológicos (deuda externa privada). Condena al
país a la fuga de capitales vía repatriación de las ganancias. Es decir,
todos los "emprendimientos", "iniciativas" y "proyectos empresariales"
tienen como fundamento el endeudamiento privado y saqueo sistemático de
los petrodólares.
Así que cuando se altera la variable petrolera como sucedió durante
los años 1981-1983, el castillo de naipes pegado con moco se vino abajo.
Los parásitos de la mano con el capital extranjero endeudaron al país
fantaseando con que las arcas del mismo seguirían expendiendo
petrodólares como aquel torbellino envasado del Kino Táchira. Sólo bastó
que el ingreso petrolero cayera en un 30% para que el capital
extranjero en su paranoia bursátil fugara 8 mil millones de dólares de
las reservas internacionales. ¿El resultado? Devaluación y un mayor
endeudamiento privado que asumiría más tarde el "Estado apátrida".
Lusinchi al rescate
- En el año 1985, Jaime Lusinchi pagó 5 mil millones de dólares al capital extranjero reconociendo la fraudulenta deuda externa privada generada por la avaricia desmedida del parasitaje (anti)venezolano.
- Cuatro mil millones de dólares más para incentivar nuevamente el saqueo de las inversiones directas.
- 50 mil millones de bolívares para que las empresas (nacionales y extranjeras) pudieran palear la importación en medio de la escalada inflacionaria generada por ellos mismos.
Cuando Lorenzo Mendoza habla de apoyar al "sector privado", se
está refiriendo exactamente a este círculo vicioso en el cual
participaron sus progenitores. La acumulación delictiva de capital no
sólo generó una espiritualidad parasitaria bien definida, sino que
también fue vertebrando sus apetencias genéticas signadas por el afán de
lucro desmedido, hipotecando vorazmente a la nación.
La apertura petrolera y la privatización de los sectores estratégicos
describen a la perfección este proceso psicosocial de los ricos en
Venezuela. Traficar y delinquir con el dinero de la nación con el único
objetivo de sostener sus parasitarias y acomodaticias riquezas en el
extranjero. Y después quieren mostrarse como una "alternativa".
Que se digan tantas veces a sí mismos "empresarios", forma parte de
ese proceso de autoconvencerse de aquello de lo que no han sido nunca
pero que en el fondo siempre anhelaron. Los deseos y las cuentas en
Suiza no empreñan.
Culebrón financiero y el parasitaje venido a menos
Los Cisneros, Pedro Tinoco y José Álvarez Stelling no forman parte de
los parásitos de cuna. Su puesto en el clan se lo tuvieron que ganar a
punta de relaciones serviles y rastreras.
Rompieron la liga emulando a los "Amos del Valle" y en el marco de la
ola neocolonial del año 1958 en adelante lograron construir su propio
castillo de naipes pegado con moco. El Banco Latino fue uno de los
bancos nacionales más importantes del país. Con el dinero de los
ahorristas y los mafiosos manejos financieros de Stelling y Tinoco, los
Cisneros lograron multinacionalizar sus estafas económicas.
Con el dinero de la población y saqueando los petrodólares compraron
la empresa Spalding, internacionalizaron la disquera Rodven, compraron
importantes acciones de Televisa y Univisión, obtuvieron la licencia de
Burger King y Pizza Hut, expandieron Automercados Cada, compraron las
plantas de Yukery, invirtieron en la importación de productos
cosméticos, entre otros negocios. Endeudando al país velozmente.
Al otro lado de la cancha, los parásitos de cuna. Los Mendoza poseían
la mitad del Banco Provincial e importantes acciones en el Banco de
Venezuela. Dueños del Venezolano de Crédito y del Banco La Guaira.
Vollmer principal accionista del Banco Mercantil. Boulton y Mendoza en
la cima del negocio asegurador e hipotecario y, en consecuencia,
inmobiliario. Sin el "estatus internacional" del oponente, los parásitos
de cuna cumplían la misma tarea: hipotecar a Venezuela.
La lucha intestina por ver quién dominaba el flujo de los
petródolares (el "Estado apátrida") se asemeja a los narcoculebrones
colombianos en el que la traición, la hipocresía y el chisme ocupan el
99% de la trama. Marcel Granier y Gustavo Roosen montaban parapetos
mediáticos buscando generar corridas en el Latino, mientras que desde el
otro lado de la cancha se hacían reuniones relámpago con el Secretario
de Gobierno de Ramón J. Velázquez, Ramón Espinosa, intentando malponer
los balances financieros del Banco Provincial.
Pero más allá del jaleo financiero, las cuentas nacionales del país
no soportaban más la deuda externa privada y la rentabilidad
especulativa de la inversión extranjera. No fue una crisis bancaria: fue
una crisis sistémica.
Las inversiones extranjeras y la internacionalización de los negocios
en un contexto en el cual la restricción de la demanda era una política
de Estado fue lo que terminó de hacer implosionar el sistema económico.
Es decir, los parásitos permitieron que la inversión extranjera
desarrollara sus nichos especulativos sin ninguna garantía de retorno,
pues cada vez la población consumía menos. La locura del capital
ficticio y de la ambición financiera ilimitada.
La realidad les explotó en la cara. Los Boulton vieron quebradas sus
empresas aseguradoras. Los Vollmer tuvieron que vender apresuradamente
parte del parque industrial azucarero. Los Mendoza vendieron la
Cementera Vencemos a Lafarge y otra parte a Cemex. Hierros Guayana
desapareció. Automercados Cada fue subastada. Cisneros tuvo que vender
Spalding y Rodven. Yukery se fue a la quiebra. Papeles Maracay también.
Venepal, Protinal y Proagro la misma historia. La Electricidad de
Caracas tuvo que vender sus acciones a precios bajísimos para medio
salvarse. El Banco de Venezuela y el Banco Provincial revendidos en el
extranjero. Las acciones en Sidor, Cantv, Pdvsa, Viasa y otras empresas
mixtas subastadas a precio de gallina con osteoporosis.
Pero el "Estado apátrida" estuvo ahí para generar los auxilios que
fueran necesarios. Ninguno de estos parásitos vio sus riquezas
comprometidas, como tampoco el capital extranjero.
Final (infeliz)
Esa cicatriz suturada con petróleo no sólo expresa la memoria del
desangre nacional, sino que también plantea una limitación histórica. En
Venezuela nunca habrá empresarios serios, responsables, bolivarianos y
productivos. El espíritu económico está signado por la intermediación
extranjera, por la búsqueda incesante de ganancia fácil, rápida, sin
esfuerzo alguno. No existe planificación posible en el ámbito
empresarial más allá de la exigencia de divisas, de ampliar el mercado
promoviendo la importación, de comprometer el dinero de todos los
venezolanos a la aventura especulativa, usurera y ambiciosa que tiene
100 años haciendo estragos.
No existe un "proyecto empresarial venezolano" por el mismo hecho de
que los que ostentan el título (y uno que otro aspirante) no piensan de
aquí a 20 años. La motricidad de esa historia desangrada les fija la
mirada en el próximo container que habrá de llegar a Puerto Cabello, en
el 80% de ganancia, en el alquiler de varias tiendas en el nuevo centro
comercial que se va a inaugurar, en la concentración de riquezas para
mostrarse atractivos ante las compañías extranjeras.
Aquel que se llame a sí mismo empresario, sea del lado de la cancha
que sea, nuevo, viejo, aspirante o recién llegado, viene con esa
orfandad instalada en las venas. Y actuará en correspondencia.
Purgar la economía es una tarea histórica y de clase, y no es
casualidad que un autobusero la esté llevando a cabo. Pues él refleja
esa mayoría nacional que vivió la saña del saqueo perpetrado por los
parásitos.
Fuente: Misión Verdad
No hay comentarios:
Publicar un comentario